Es a ellos a quienes más se ha diagnosticado y con quienes más intervención se ha desarrollado.
No obstante, esta condición no desaparece en edad adulta. Algunos indicadores, a partir de la adolescencia y, sobre todo, por experiencias personales y aprendizaje autónomo, se suavizan u ocultan: exceso de movimiento, brusquedad o torpeza motora, incluso despistes o cambios atencionales frecuentes pueden no ser observables por los demás.
Sin embargo, los adultos con estas características se conocen y son conscientes de los esfuerzos que realizan a diario para ser como el resto. Para evitar despistes y errores por distracciones en el trabajo, intentar cumplir con sus responsabilidades al mismo nivel que otros adultos de su entorno, etc. Incluso saben que a veces no es suficiente, y se enfrentan a conflictos con otras personas que no les entienden.
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